El SLK 55 AMG era el coche que no debería haber comprado y que, sin embargo, se ha convertido en el banco de pruebas perfecto para todas las locuras que llevaba años queriendo hacer.
Lleva un V8 atmosférico de 5.5 litros, tracción trasera y la cabina justa para mí, un casco y una sonrisa difícil de borrar. La idea era dejarlo de serie. La idea, evidentemente, no aguantó ni medio verano.
Ahora mismo está a medio camino de un widebody inspirado en el C63 Black Series, fabricado en fibra de vidrio y poliuretano sobre moldes hechos a mano. Aletas, paragolpes delantero y faldones ya están montados. Falta el paragolpes trasero y la pintura final, que será el momento de cerrar el proyecto y empezar a usarlo en serio.


